SALUDO POR EL
DÍA DEL PÁRROCO
Saludo de
monseñor
Juan Carlos
Romanín,
obispo de
Río Gallegos, que fue enviado a los sacerdotes de la diócesis, en
la memoria de San Juan María Bautista Vianney, el Cura de Ars
(4 de agosto de 2008)
“Me arrodillé
consciente de mi nada,
y me levanté sacerdote para siempre”.
San Juan
María Bautista Vianney - Santo Cura de Ars
Queridos
hermanos sacerdotes:
¡Feliz día del
párroco!
La celebración
de la fiesta del santo Cura de Ars, patrono de los Párrocos, me
lleva, una vez más, a compartir algunos pensamientos que brotan de
mi corazón, y a felicitarlos en este día, a ustedes queridos amigos,
con quienes compartimos el pastoreo de esta Iglesia que Jesús, el
Buen Pastor nos ha confiado, en nuestra querida tierra patagónica.
La vocación sacerdotal es un don maravilloso, un regalo del Dios de
la misericordia, quien nos eligió y nos llamó porque se enamoró de
cada uno de nosotros, desde la eternidad. Este amor inmerecido por
parte nuestra es un compromiso que tenemos con el Señor para que
seamos más santos, más fieles y mejores apóstoles, dispuestos a
llevar su Palabra a todos las personas.
Abrir el corazón y dejarse amar por El, es la única respuesta
posible del sacerdote. ¡Qué hermosa vocación, qué hermoso compromiso
para cada uno de nosotros! Dicen los Obispos en Aparecida:
“La
renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y
en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera
exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de
Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede
renovar una parroquia.” (DA 201)
El testimonio del Cura de Ars nos invita a perseverar para siempre.
Construir nuestra santificación, día a día, momento a momento, sobre
la roca firme de darnos sin medida a los demás, amando a cada uno,
preocupándonos por sus problemas, enseñando el camino, la verdad y
la vida, siendo testigos auténticos del Evangelio.
El centro de la
vida del sacerdote es el amor y el verdadero amor es el que nace del
corazón de Jesús para irradiarse en cada uno de los que nos rodean,
para que cada comunidad crezca en el conocimiento de Dios, en la
fraternidad, en la justicia, en la libertad y en la paz y amistad
social.
A pesar del
cansancio y la fatiga, que es natural en la tarea del sacerdote,
diariamente participamos en el amor a la obra que Jesús ha venido a
realizar. La vida nueva del Evangelio se siembra, lo sabemos, con
el sufrimiento, con la oración diaria, con el trabajo arduo, con el
amor unido a la cruz de cada día.
Que en este día, renovemos la entrega a Jesús Sumo Sacerdote, y con
el ejemplo del Cura de Ars, sigamos creciendo en nuestra vocación de
ser “amigos
de Dios para los hombres”
(card. Pironio). María, madre de los sacerdotes, nos regale un
corazón semejante al de su Hijo.
Felicidades! Rezo por ustedes. Recen por mí.
Con un fuerte abrazo y mi bendición
Mons. Juan Carlos Romanín SDB,
obispo de Río Gallegos |