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Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Buenos Aires
AICA

Ecnuentro ecumenico en la catedral anglicana San Juan Bautista

Ecnuentro ecumenico en la catedral anglicana San Juan Bautista

 
 
En la catedral anglicana San Juan Bautista, el viejo templo de 1831 situado en 25 de Mayo 282, en pleno centro de la city porteña, se llevó a cabo el jueves 31 de mayo el acto central de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.
     El encuentro fue organizado por la Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en la Argentina (CEICA), con los auspicios de la Sociedad Bíblica Argentina.

     En la homilía, el obispo de Venado Tuerto y miembro de la Comisión Episcopal de Ecumenismo y Relaciones con el Judaísmo, el Islam y las Religiones (Ceerjir), monseñor Gustavo Arturo Help, caracterizó a ese encuentro de oración en torno a la Palabra como “una oportunidad de crecimiento de nuestra comunión con Jesús”, e invitó a encontrar a Jesús en el prójimo “ya que el camino de Dios en Jesús fue hacerse prójimo-próximo del hombre”.

     “En este encuentro de oración lo invitamos a Cristo a hacerse presente en medio de nosotros: donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

     Al principio entraron en procesión desde la puerta del templo dignatarios de varias confesiones religiosas y se cantó el himno “Castillo fuerte es nuestro Dios”, con letra y música de Martín Lutero, que dice: “Castillo fuerte es nuestro Dios, defensa y buen escudo./Con su poder nos librará en todo trance agudo./Con furia y con afán acósanos Satán,/ por armas dejar ver astucia y gran poder…”.

     Tras palabras de bienvenida pronunciadas por Elías Crisóstomo Abramides, laico ortodoxo griego, secretario de la CEICA, el obispo de la diócesis anglicana de la Argentina, Gregory Venables, vestido de sotana morada, dijo que en Cristo somos uno e invitó a todos los bautizados a “orar para que haya unidad visible entre nosotros”.

     Hubo una oración que decía: “Cuando oramos y nos esforzamos por la unidad plena visible de la Iglesia, nosotros mismos  –y las tradiciones a las que pertenecemos-  seremos cambiados, transformados y configurados con Cristo”. Y hubo oraciones penitenciales, diciendo: “Dios Todopoderoso, a pesar de la unidad que recibimos en Cristo, persistimos en nuestra desunión. ¡Ten piedad de nosotros!”.

     Luego la pastora Sonia Skupch, secretaria general de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP), leyó el libro de Habacuc (3,17-19); el obispo emérito metodista Aldo Etchegoyen leyó la primera carta de San Pablo a los Corintios (15,51-58) y el pastor Juan Carlos Agostinacchio, obispo de la Iglesia Cristiana Bíblica, leyó el Evangelio de San Juan (2,23-26), que la gente escuchó de pie. De robusta contextura, Agostinacchio, que vestía de clerigman al igual que casi todos los ministros protestantes varones, fue hace años “el hombre de la barra de hielo” en el programa televisivo “Titanes en el ring”, del recordado Martín Karadagián.

     Se leyó la confesión de fe del Credo Niceno-Constantinopolitano, que manifiesta la fe “en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica”. Cuando la oración se eleva al Espíritu Santo se lo mencionó en la versión original “Señor y vivificador que procede del Padre”, sin añadir  “y del Hijo”, la cuestión del “filioque” que ha estado en el germen de la diferencia entre católicos y ortodoxos. Para luego continuar “que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”.

     Seguidamente se rezaron oraciones por la unidad, pidiendo al Señor: “Transfórmanos por tu gracia”.

     Luego todos rezaron el padrenuestro, concluyendo con el párrafo “Porque tuyo es el Reino, tuyo el Poder y la Gloria, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén”.

     Se hizo después un signo de paz y unidad, reproduciendo la costumbre vigente en Polonia de compartir un trozo de pan ácimo, el “oplatek”, en iglesias y casas en Navidad. Cada persona recibe el “oplatek” y la gente lo comparte, rompiendo un trozo del pan de otra persona y comiéndolo. Así, se transmiten unos a otros los deseos de amor y perdón.

     Se cantó el himno “Un solo fundamento” (letra de S. Stone y música de S. Wesley), que dice: “Un solo fundamento, y solo un Fundador,/la santa Iglesia tiene en Cristo su Señor”. Y apunta luego: “El mundo la contempla, pasmado y con desdén,/por verla desgarrada de cismas en vaivén;/mas santos en vigilia no cesan de rogar/al cielo porque pronto alcance la unidad”.

     El arzobispo de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía, metropolita Siluan Muci, que preside la CEICA, nacido en Venezuela en una familia de sirio-libaneses, pidió que en la colecta se aportara para refugiados de Siria a los que se va a prestar ayuda.

     Seguidamente los presentes hicieron una oración de compromiso, en la que pidieron “¡Envíanos, y juntos iremos!”

     Finalmente, el anfitrión, el obispo anglicano Venables, invitó a todos los dignatarios que estaban en el estrado a dar juntos la bendición: “Que el Señor los bendiga y los guarde. Haga brillar sobre ustedes su rostro y les conceda su gracia. Vuelva su mirada sobre ustedes y les dé la paz”. La mayor parte de los presentes se hizo la señal de la cruz.

     Al salir, se cantó el himno “Al Salvador Jesús” (letra de Matthew Bridges, música de George J. Elvey), que dice: “A Cristo el Redentor, Rey de la Eternidad/tributa cantos de honor el coro celestial…”

     En el estrado, se hallaban, además de los ya nombrados, el obispo auxiliar emérito católico de Buenos Aires, monseñor Horacio Benites Astoul; el arzobispo Platón, de la Iglesia Ortodoxa Rusa del Patriarcado de Moscú; el pastores David Calvo, de la Iglesia Evangélica Luterana Unida (IELU); el padre Ioannis Argydis, de la Iglesia Ortodoxa Griega del Patriarcado de Constantinopla; el padre Víctor Villafañe, de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía; el obispo de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina, Frank de Nully Brown; la pastora Ester Iglesias de Lugo, de la Iglesia Discípulos de Cristo; el padre Enrique Vikkeesbakker, de la Iglesia Ortodoxa de la Eparquía Autocéfala Ucraniana de América del Sur; el diácono Rubén Víctor Azar, de la Iglesia Siriana Ortodoxa; la pastora Violeta Geymonat de Lauri, de la Iglesia Valdense, secretaria de actas de la CEICA; la señora María Luisa Cárdenas, católica, tesorera de la CEICA.

     Hizo de maestro de ceremonias el rector de la catedral anglicana, reverendo Michael Wilkie, vestido con sobrepelliz blanca sobre una sotana negra, y asistió también el canónigo Gustavo Mansilla, de esa comunidad de fe, ataviado de la misma manera, que llevó la cruz procesional. El obispo católico, monseñor Help, por su parte, vestía una sotana negra con vivos rojos, con la faja de monseñor y el solideo del mismo color.

     Asistió el director general de Cultos de la Ciudad de Buenos Aires, doctor Alfredo Abriani.

     Entre el público  –unos ochenta asistentes-,  estaban entre otros los sacerdotes católicos Ignacio Pérez del Viso SJ y Jorge Scampini OP; el pastor Miguel Masciotta, de la Iglesia Nueva Apostólica, vestido de traje y corbata; el ex secretario de Culto, Norberto Padilla; su esposa, Gloria Williams de Padilla, teóloga, secretaria adjunta de Ceerjir; la pastora Vilma Rommel, de la Iglesia Evangélica Luterana Unida (IELU); el catedrático Juan Navarro Floria, un grupo de jóvenes alumnos del Consejo Superior de Educación Católica (Consudec), dos mujeres integrantes del Movimiento de los Focolares, un grupo de mujeres de ascendencia aborigen de la provincia de Salta que profesan la confesión anglicana, la señora Sofía de Anghelidis, ortodoxa griega; dos integrantes de la Comisión de Ecumenismo de la arquidiócesis de Buenos Aires, Delia Formoli e Hilda Ormuz (esta última, de la comunidad católica armenia); Florencia Uriburu y Claudette Dubois, del grupo de Ecumenismo de la parroquia Inmaculada Concepción (la Redonda) de Belgrano; Gabriel Arriola, scout, colaborador de Cerjir; Víctor Szymko, graduado de Valores Religiosos y colaborador del obispado de San Justo.

     Luego, todos compartieron amablemente unos sandwiches y bebidas sin alcohol en un sencillo ágape en un salón contiguo.+(Jorge Rouillon)

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