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La beatificación de Crescencia Pérez será el 17 de noviembre
 
Pergamino (Buenos Aires), 7 . 12 (AICA)
Hermana María Crescencia Pérez

Hermana María Crescencia Pérez

“Con gran alegría la Superiora General de las Hermanas del Huerto anuncia la fecha de la beatificación de la Hermana María Crescencia Pérez, que tendrá lugar en Pergamino (Argentina) el 17 de noviembre de 2012, según lo dispuesto por la Santa Sede. El delegado papal que presidirá la ceremonia será el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos”.

     Con este breve mensaje, la Madre General de la Congregación Hijas de María Santísima del Huerto, hermana Terezinha María Petry, informó a la Argentina y al mundo [la congregación tiene 122 casas en el mundo, 42 de las cuales están en la Argentina] sobre la tan esperada fecha de beatificación de la Venerable María Angélica Pérez (María Crescencia), nacida el 17 de agosto de 1897 en la localidad bonaerense de San Martín y fallecida en Chile el 20 de mayo de 1932.

     Con la próxima beatificación de Sor Crescencia Pérez la Argentina contará con siete beatos.

María Crescencia Pérez
     La Venerable María Crescencia Pérez nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, el 17 de agosto de 1897, quinta hija de un hogar de inmigrantes gallegos, pobres de bienes materiales pero ricos en fe y en hijos. Fue bautizada en la parroquia de Jesús Amoroso, hoy catedral Jesús Buen Pastor de la diócesis de San Martín.

     Debido a la enfermedad de la joven madre, la familia se trasladó a Pergamino, con las pocas cosas que poseían, una profunda fe y todos sus niños: Agustín, Aída, María Luisa, José María y María Angélica, que crecieron con hondas convicciones religiosas. "Vivíamos nuestra pobreza con alegría; cada pequeño suceso nos entusiasmaba. No conocíamos demasiado, no añorábamos la falta de tantas cosas. El ejemplo de nuestros padres simples y fuertes, ricos en fe y en amor, nos hacía crecer laboriosos”.

     La mayor parte del ciclo primario lo cursó en el Hogar de Jesús, de Pergamino. También allí se recibió de maestra de Labores.

     Su vocación religiosa, que había ido creciendo a lo largo de los años, tomó un curso definitivo cuando el 31 de diciembre de 1915 ingresó en el noviciado de las Hermanas del Huerto, en Buenos Aires. El 1º de agosto de 1916 se consagró en el altar de la casa provincial y al contemplar las reliquias de San Crescencio recientemente llegadas de Roma, decidió adoptar su nombre: Crescencia.

     Recibió el santo hábito el 2 de septiembre de 1918, en circunstancias en que moría su padre, don Agustín Pérez.

     No deseando otra cosa que agradar a Dios con una vida santa y ser instrumento suyo para salvar a los hombres, se entregó totalmente a su misión como Hija de la Caridad, haciéndose "toda para todos", en obediencia perfecta y en caridad ilimitada.

     Según testigos, la virtud sobresaliente de María Crescencia fue la humildad, que le permitió vivir las grandes exigencias de la caridad fraterna y de la perfecta vida en común, con íntima y serena alegría. Era feliz de poder hacer la voluntad de Dios.

     Los primeros años de su vida religiosa los dedicó a la niñez. Se desempeñó como maestra de labores y catequesis, en primer lugar en la escuela taller junto a la casa provincial y después en el Colegio del Huerto de Buenos Aires, en la calle Rincón.

     Una segunda etapa de su vida tuvo como destinatarios a los enfermos, en el Sanatorio Marítimo de Mar del Plata, lugar dedicado exclusivamente a la internación y atención de niños afectados de tuberculosis ósea.

     Allí permaneció tres años. Como su frágil salud comenzó a declinar rápida y seriamente, sus superioras decidieron enviarla a un lugar donde el clima le ayudase a recuperarse. Eligieron para ello Vallenar, en la República de Chile, donde las Hermanas del Huerto atendían en el Hospital desde 1915.

     En 1928 sor María Crescencia visitó por última vez Pergamino para despedirse para siempre de los suyos, y acompañada por la Madre Provincial viajó a Chile, donde transcurrió la última etapa de su vida, ya que cuatro años después de su llegada entregó su alma a Dios, en Vallenar, luego de una vida heroica en la virtud.

     Vallenar, de aproximadamente 6.000 habitantes en aquel momento, seis años antes había sufrido un devastador terremoto, que destruyó casi la totalidad de las casa de la población. A partir de este hecho doloroso, Vallenar entró en un largo proceso de reconstrucción, que se prolongó por muchos años.

     La gran pobreza en que vivían, el dolor de tantas familias sin techo, la soledad del lugar y las enormes distancias de otros pueblos, hicieron que se cumpliese el deseo del fundador de la congregación del Huerto, San Antonio María Gianelli: "Lleven siempre la pobreza consigo y vayan donde por las dificultades del lugar y por la falta de medios otras Hermanas no pueden ir".

     Pese a lo mucho que le costó dejar su patria, su familia y su comunidad, María Crescencia vio claramente la voluntad de Dios y con gusto aceptó lo que le pedía. Había dicho: "Por cumplir la voluntad de Dios iría al fin del mundo". Vivió en Vallenar entregada totalmente al servicio de sus hermanos enfermos, dentro de la alegría de una vida comunitaria y creciendo incesantemente en el amor de Dios a quien había consagrado su vida, hasta llegar a decir: "Señor, que te ame tanto como te amas a ti mismo".

     Ante el progreso y gravedad de su enfermedad, fue internada tres meses en un hospital cercano a Vallenar, totalmente aislada para evitar el contagio. Pero las últimas semanas de su vida las pasó nuevamente en Vallenar, en su comunidad, edificando a las hermanas con su serenidad y profunda paz interior.

     Con verdadera piedad recibió el Santo Viático, rodeada de su superiora y hermanas y mientras rezaba con los presentes las oraciones de los agonizantes entregó su alma a Dios. Así murió santamente, el 20 de mayo de 1932.

     A poco de morir, en el colegio del Huerto de Quillota, a 600 kilómetros de Vallenar, estando las Hermanas reunidas percibieron una fragancia semejante al perfume de violetas, que permaneció varios días dentro de los muros del colegio. Ante este hecho inexplicable, la Superiora dijo: "Ha muerto la Hermana Crescencia". Al rato llegó un telegrama avisando su muerte.

     Cuando la comunidad del Huerto dejó Vallenar, la población no quiso que se llevasen el cuerpo de quien llamaban "La santita". Por eso quedó allí 35 años, hasta que el 8 de noviembre de 1966 la Congregación dispuso el traslado de sus restos a Quillota. Al abrir el ataúd para reducir sus restos y colocarlos en una pequeña urna, encontraron su cuerpo y su hábito intactos y en perfecta conservación. Toda la ciudad de Vallenar se congregó para constatar este hecho tan singular. Se realiza nuevamente el velatorio y luego fue llevada a Quillota donde descansó 17 años en la bóveda de las Hermanas.

     En 1983 se trasladó su cuerpo al panteón de las Hermanas en Pergamino hasta el 26 de julio de 1986 en que, con motivo de la apertura del proceso diocesano en orden a su beatificación, se lo trasladó a la Capilla del Colegio del Huerto.

     El 3 de octubre de 1990 la Congregación para las Causas de los Santos abrió el proceso en Roma.

     Su tumba es constantemente visitada por numerosos peregrinos que de todas partes del país vienen a venerar sus restos, a pedir ayuda o a agradecer sus favores.

     El caso que movió a iniciar el proceso de canonización ocurrió en 1995. Fue el de una mujer, María Sara Pane, enferma de hepatitis aguda, agravada por una diabetes infanto-juvenil que obligaron a un trasplante de hígado. De no realizarse la intervención, le quedarían solo tres días de vida.

     En esta situación, una religiosa que visitaba el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde estaba internada, le acercó una estampita con la imagen de María Crescencia, que la enferma tomó en sus manos implorando su curación. Era el 2 de abril de 1995 cuando los médicos del Hospital Italiano comprobaron que la paciente estaba totalmente curada y que no era necesario ningún trasplante. El 12 de abril recibió el alta y el médico que la atendía dijo que era la primera vez en su vida que veía que la ciencia y un milagro se habían combinado.

     Transcurrido el largo proceso canónico, el 19 de diciembre de 2011 el papa Benedicto XVI autorizó la beatificación que ahora se informó que será en la ciudad bonaerense de Pergamino el 17 de noviembre próximo.

     Los restos de la nueva beata argentina están desde 1986 en la capilla del colegio de las hermanas del Huerto, de Pergamino, en la calle que lleva su nombre, Hermana María Crescencia Pérez 646, por día viene más de un centenar de personas de todo el país y del extranjero, de algunos de los 13 países donde hay hermanas de la congregación del Huerto.

Un santo argentino
     De momento, el único Santo argentino es San Héctor Valdivielso Sáez, nacido en Buenos Aires el 31 de octubre de 1910, bautizado en la parroquia porteña de San Nicolás de Bari cuando el templo parroquial estaba en el lugar donde hoy se levanta el obelisco en la avenida Nueve de Julio; ingresó en el Noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (lasallanos) el 7 de agosto de 1926, y murió mártir en España el 9 de octubre de 1934, junto con un grupo de hermanos que como él enseñaban en la escuela de Turón, en la región de Asturias, al Nordeste de España. Fue canonizado el 21 de noviembre de 1999.

Seis beatos argentinos
     1. Beata Laura Vicuña, laica, alumna del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, nacida en Santiago de Chile el 5 de abril de 1891, y muerta en Junín de los Andes (Neuquén) el 22 de enero de 1904. Beatificada el 3 de noviembre de 1988.
     2. Beata Nazaria Ignacia March Mesa, religiosa, fundadora de la Congregación de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, nacida en Madrid (España) el 10 de enero de 1889 y muerta en Buenos Aires el 6 de julio de 1943. Beatificada el 27 de noviembre de 1992.
     3. Beato Artémides Zatti, coadjutor salesiano, nacido en Boretto (Italia) el 12 de octubre de 1880, y muerto en Viedma el 15 de marzo de 1951. Beatificado el 14 de abril de 2002.
     4. Beata María del Tránsito Cabanillas, religiosa, fundadora de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas, nacida en Villa Carlos Paz (Córdoba) y muerta en la ciudad de Córdoba el 25 de agosto de 1885. Beatificada el 14 de abril de 2002.
     5. Beata María Ludovica De Angelis, religiosa de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia, nacida en San Gregorio (Italia) el 24 de octubre de 1880, y muerta en La Plata el 25 de febrero de 1965. Beatificada el 3 de octubre de 2004.
     6. Beato Ceferino Namuncurá, laico, aspirante al sacerdocio en la congregación salesiana, nacido en Chimpay, provincia de Río Negro, el 26 de agosto de 1886, y murió en Roma, Italia, el 11 de noviembre de 1905. Fue beatificado el 11 de noviembre de 2007, en Chimpay, su ciudad natal.
 
Otras causas de beatificación
    Además hay unas cuarenta causas de beatificación en curso, algunas bastante avanzadas, cuyos candidatos han sido declarados Venerables. Entre los más conocidos están Fray Mamento Esquiú OFM, obispo, el Cura Brochero, la madre Camila Rolón, Fray José León Torres, mercedario, y la madre María Benita Arias. +
 
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