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Mario Pedro Seijo. Su fallecimiento

Wilde
AICA

Pocos días antes de cumplir 87 años, falleció Mario Pedro Seijo, perteneciente a una generación de dirigentes sindicales y políticos que dedicó su vida a la lucha por las reivindicaciones sociales, mediante su militancia sindical y política, su enseñanza, sus libros y el ejemplo de una vida entera de permanente militancia.

            Hace un año el municipio de Avellaneda lo declaró “ciudadano ilustre”, por su importante contribución a la cultura de ese distrito. La distinción le fue entregada en el marco de las celebraciones del primer centenario del Teatro Municipal Roma, centro de la cultura avellanedense.

            Seijo nació en Buenos Aires el 24 de octubre de 1919 en el seno de un hogar de inmigrantes gallegos. Pese a que su padre militaba en el anarquismo, desde muy joven se inscribió en la Congregación Mariana y más tarde en la Acción Católica de la parroquia (hoy catedral) de la Asunción.

            A los 24 años fue uno de los primeros militantes de la flamante Juventud Obrera Católica (JOC), y llegó rápidamente a ser un importante dirigente del por entonces pujante movimiento juvenil católico. Fue director del periódico “Juventud Obrera”.

            La trayectoria de Mario Pedro Seijo comienza en los duros años de su juventud, que él mismo narró en una de sus obras: “La hora del laicado. Testimonio de un militante cristiano”. Sindicalista en el gremio de la carne, donde hubo de enfrentar, con peligro de su vida, a los comunistas en huelgas salvajes; gremialista en el sindicato de la madera; líder sindical de barricada en el gremio textil en los años ’50; camionero; organizador de una cooperativa de taxis.

            ¿Qué más? Fundador de la empresa “Difusión del Buen Libro” con la que por varios años recorrió el país entero organizando en plazas públicas, parroquias y colegios exposiciones de libros; distribuidor con un ágil sistema de camionetas de la edición dominical del desaparecido diario El Pueblo; profesor de religión y cultura religiosa en diversos colegios del país; profesor y formador en la Escuela de Dirigentes de la JOC, fundada por monseñor Enrique Rau y dirigida por Miguel Woites en la arquidiócesis de La Plata.

            Destacado orador popular formó parte del primitivo grupo que en 1954 dio vida a la Democracia Cristiana en nuestro país; fundador y animador del Movimiento de Avanzada Social Cristiana y de su órgano “Avanzada”; concejal por dos períodos (1963-1966 y 1973-1976) del municipio de Avellaneda, destinando parte de su dieta a favorecer entidades de bien público social.

            Los continuos viajes por el país, su participación en cursos, seminarios, jornadas, semanas sociales, asambleas, congresos, lo llevaron a estar presente en todas las provincias argentinas y en Chile, Colombia, Uruguay, Venezuela, Bolivia, Perú y Brasil. En este último país, en noviembre de 2004, la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), en su XII Congreso, celebrado en Brasilia, lo condecoró y colocó su nombre en el Cuadro de Honor de los dirigentes sindicales latinoamericanos.

            Autor de más de diez libros sobre temas filosóficos y sociales, Mario Seijo era un estudioso de muchas y útiles lecturas, que fundamentó sus apreciaciones sobre fuertes pilares del pensamiento universal: San Agustín, Santo Tomás, los Padres de la Iglesia, el Magisterio, así como modernos pensadores como Maritain, Derisi y otros.

            En los últimos años fundó y presidía la Fundación “Servir a la Nueva Evangelización”.

            Su vida de incansable luchador no tuvo un momento de descanso. A la manera de San Pablo, su carácter recio y su ansia indomeñable por evangelizar hizo que no fuera cabalmente comprendido, ni que su empuje y audacia fueran aprovechados como hubiera sido deseable.

            Por su temperamento, hablaba de la violencia, pero de una violencia cristiana, que es moral y no con armas, que se ejerce sobre uno mismo para cambiar, por el testimonio, a los demás y a la sociedad. Le gustaba repetir, y lo hacía reiteradamente, unos conceptos que había leído en 1950 de su amigo Eduardo Pironio, quien a su vez los había tomado de San Pablo: “Sólo los violentos serán capaces de arrebatar el Reino, porque el mundo sigue con gusto a quien no tiene miedo de nada, ni de nadie”.

            Mario Pedro Seijo murió en Wilde el 11 de setiembre de 2005. El día anterior había asistido a la inauguración y a unos debates del Congreso de Laicos.

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