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Murió Torres Bas, un fundador del Partido Demócrata Cristiano
 
Buenos Aires, 16 . 11 (AICA)
Uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano en la Argentina, Juan José Torres Bas, falleció en Córdoba el sábado 3 de septiembre, cuatro días antes de cumplir 90 años.
     En 1954, Torres Bas fue uno de los 35 participantes de la reunión en que se decidió fundar el Partido Demócrata Cristiano (PDC), realizada en la casa del médico e investigador Juan T. Lewis, en Rosario, en la clandestinidad, cuando se desataba la persecución religiosa en la última etapa del gobierno peronista.
     Y fue uno de los cinco integrantes de la primera junta promotora del partido, integrada también por Manuel V. Ordóñez, Salvador Busacca, Juan T. Lewis y Carlos Juan Llambí.
     Fue a su vez uno de los tres firmantes presentes en la firma de una escritura constitutiva del partido, efectuada en la escribanía de Antonio Cafferata, en Buenos Aires. Así lo recuerda ahora su sobrino segundo Arturo Bas, joven que trabajaba allí antes de ser abogado y escribano y que asistió al acto (otro de los firmantes era Ordóñez).
     Nacido en 1921, Torres Bas participó, siendo entonces un joven de sólo 19 años, en la fundación de la Unión Demócrata Cristiana, entidad formada en Córdoba por un núcleo en el cual participaron Norberto Agrelo, Horacio Peña, Horacio Sueldo, Horacio Aguiar, los hermanos Ignacio y Alberto Vélez Funes, Rodolfo Barraco Aguirre, su hermano Raúl Torres Bas y Lucas Pérez Posse, entre otros.
     Eran jóvenes que se inspiraban en la doctrina social de la Iglesia y en la filosofía política de Jacques Maritain. Y remontándose más atrás en la historia del país seguían ejemplos de Félix Frías, José Manuel Estrada, Pedro Goyena, Tristán Achával Rodríguez y otros dirigentes, y buscaban continuar la labor de los llamados católicos sociales. A la vez eran hombres de fe, de práctica sacramental.
     Años después, Torres Bas fue también fundador en Córdoba, en 1954, del Partido Republicano por una Democracia Cristiana, de cuya declaración de principios y carta orgánica fue redactor, junto con Horacio Sueldo. Ese partido confluyó con otros grupos cívicos y movimientos sociales de distinta configuración y de varios lugares del país en la fundación del Partido Demócrata Cristiano. Se podría hacer un símil con la organización nacional en la cual las provincias preexistentes confluyeron en la nación.
     De hecho, el primer nombre adoptado fue Junta Promotora Nacional de Partidos Políticos Provinciales de Inspiración Democrática Cristiana.
     Los lineamientos del Partido Republicano fueron incorporados en líneas generales en el Partido Demócrata Cristiano cuando éste surgió en Rosario en julio de 1954, en la casa de Lewis, destacado investigador que desde 1929 dirigió el Instituto de Fisiología de la Universidad Nacional del Litoral, fue colega del Premio Nobel de Medicina 1947 Bernardo Houssay (con él y otro Premio Nobel, Luis Leloir, escribió el Tratado de Fisiología) y fue el primer presidente del partido.
     Torres Bas intervino en el manifiesto "La democracia cristiana al pueblo y al gobierno", que fue entregado en la Casa de Gobierno en julio de 1955.
     Luego, producida la revolución de ese año, Torres Bas integró, junto a otros dirigentes de varios partidos políticos, la junta consultiva provincial en Córdoba. Presidió la junta provincial del PDC en 1956, 1961 y 1963. Fue convencional nacional de ese partido y diputado provincial cordobés entre 1963 y 1965. En relación con sus funciones legislativas de entonces surgieron sus escritos “Separación y equilibrio de los poderes: división de funciones” y “Empleados públicos, cesantías, sumario previo” (este último, en colaboración con Mario Dubini).
     En 1967, cuando estaba suspendida la actividad política en el gobierno del teniente general Juan Carlos Onganía, Torres Bas fue presidente de la Democracia Cristiana Argentina (DCA). Cuando se dividió el partido, adhirió al Partido Revolucionario Cristiano (PRC), que lideraba su comprovinciano Horacio Sueldo, en tanto otro coterráneo, José Antonio Allende, encabezaba el Partido Popular Cristiano (PPC).
     A mediados de los años 70 se alejó de la política activa, pero siguió siendo considerado un referente incorruptible, de vida austera y calidez humana, para muchos jóvenes demócrata cristianos. Graduado de abogado en la Universidad Nacional de Córdoba en 1947, al principio se desempeñó unos años en la Justicia provincial en Bell Ville y luego abrió su estudio jurídico en la capital provincial.
     Perteneciente a una tradicional familia cordobesa, estaba casado con Elba Aliaga Pueyrredón, con quien tuvo ocho hijos. Era sobrino de Arturo Bas, que, junto con Juan F. Cafferata, fue diputado nacional entre 1912 y 1916 por el Partido Constitucional de Córdoba. Inspirados en los mismos principios sociales católicos, Bas fue luego diputado por el radicalismo y Cafferata por los conservadores, y promovieron leyes sociales de casas baratas, de la Caja Nacional de Ahorro Postal, de la jubilación de ferroviarios, de accidentes de trabajo, de la protección del hogar como bien de familia, etc.
     Las familias Bas y Cafferata, en varias ramas, algunas entrelazadas, veranearon durante décadas, a lo largo de seis generaciones, en Anizacate, en casas ubicadas a la vera del río de ese nombre. Se daba allí una amable convivencia en la que el “Gringo” Torres Bas  -como le llamaban-  manifestaba su afecto por la familia y los amigos, su temperamento conversador y hasta discutidor, su fascinación por la política y por analizar con agudeza los más diversos problemas del país y del mundo, desde el hambre y el desempleo hasta los desafíos que debía enfrentar la Iglesia ante el avance de culturas ateas y consumistas.
     Torres Bas sufrió un accidente vascular en 1995, que le produjo un progresivo deterioro. En la última década, a su pedido y para su mejor atención fue internado en un geriátrico, San Camilo, y en los últimos años estaba sensiblemente disminuido. Donó una biblioteca de libros de política, derecho y otros temas a la Universidad Católica de Córdoba.
     Al producirse su fallecimiento, ofició una misa de cuerpo presente su hijo Pedro Javier, sacerdote. El sepelio se efectuó en el cementerio San Jerónimo. La postura de Torres Bas ante la muerte se trasluce en una carta de 1987 ante el fallecimiento de una persona de su familia. En ella hace una sólida manifestación de fe en Dios “el Dueño de casa, el Señor común que amamos”. Decía allí, aludiendo al texto evangélico sobre que será más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que entre un rico en el reino de los cielos: “El Señor de la justicia, el creador del derecho, el Abogado, ya dijo que el paso de la “aguja” sólo sería difícil para los malvados, los impuros, los idólatras, los ricos que no reparten, los homicidas”. Y añadía: “Creamos firmemente con Lucas que los muertos resucitan, y como Pablo, que lo haremos con un cuerpo glorioso, incorruptible, fuerte, mucho más bello que nuestra carne mortal”.+
(Jorge Rouillon)
 
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