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Consagración episcopal de Mons. Pedro Daniel Martínez

San Rafael (Mendoza)
AICA

Consagración episcopal de monseñor Pedro Daniel Martínez en la catedral de San Rafael

Consagración episcopal de monseñor Pedro Daniel Martínez en la catedral de San Rafael

 
 
Durante una solemne concelebración eucarística que tuvo lugar en la catedral de San Rafael el viernes 19 de marzo, solemnidad de San José, patrono secundario de la diócesis de San Rafael, recibió la ordenación episcopal monseñor Pedro Daniel Martínez Perea, a quien el papa Benedicto XVI nombró obispo coadjutor de la diócesis de San Luis.

     Presidió la Eucaristía y fue consagrante principal monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, y co-consagrantes monseñor Eduardo María Taussig, obispo de San Rafael; monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis; monseñor Alfonso Rogelio Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo y monseñor Juan Alberto Puiggari, obispo de Mar del Plata.

     Estuvieron presentes y concelebraron también monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza; monseñor Sergio Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza; monseñor Hugo Salaberry SJ, obispo de Azul; y monseñor Paulino Reale, obispo emérito de Venado Tuerto.

     Concelebraron más de un centenar de sacerdotes provenientes de varias diócesis del país y del exterior. Se destacaba la presencia de los vicarios generales de San Luis, Paraná y San Rafael, padre Armando Juan Conti SDB, monseñor Silvestre Cecilio Paúl y monseñor Francisco Emiliano Alarcón, respectivamente; el provincial del Instituto del Verbo Encarnado, padre Ricardo Clarey, y un buen grupo de sacerdotes de esta congregación fundada en San Rafael. Los superiores mayores de los institutos Miles Christi, padre Roberto Juan Yannuzzi, y Cristo Rey, padre José Luis Torres Pardo. Sacerdotes de la Prelatura del Opus Dei y religiosos franciscanos y salesianos.

     También participó una delegación de la parroquia San Filippo Neri in Eurosia, de la ciudad de Roma, acompañados por un sacerdote del Oratorio de San Felipe Neri, de Roma.

     Se congregaron alrededor de tres mil fieles de las parroquias de la diócesis de San Rafael, y de muchas parroquias de San Luis y de Mendoza. Además estuvo presente la madre de monseñor Martínez y sobrinos.

     Entre las autoridades civiles presentes, se destacaron los Gobernadores de Mendoza y de San Luis, Celso Jaque y Alberto Rodríguez Saá, respectivamente; la señora intendente de San Rafael, los senadores nacionales por San Luis, Adolfo Rodríguez Saá y Liliana Negre de Alonso; el diputado nacional por Mendoza, Omar Chafí Félix y otros legisladores, ministros y jueces de ambas provincias. Asistieron también las máximas autoridades militares, policiales y de Gendarmería de la zona.

     Estuvieron presentes representantes de varias comunidades cristianas evangélicas y de la colectividad judía de San Rafael, quienes se mostraron muy agradecidos por haber sido invitados.

     El Mandato Pontificio fue leído por el padre fray Marcos González OP, quien junto con el padre Alfredo Sáenz SJ, oficiaron de presbíteros asistentes del nuevo Obispo.

     Fue Maestro de Ceremonias el presbítero Mario Camozzi, presidente del Equipo Diocesano de Liturgia y formador del Seminario Santa María, Madre de Dios, acompañado por los presbíteros Andrés Widow y Guillermo Cambiasso.

“Noble función, carga tremenda”
     Durante la homilía monseñor Aguer, tras dedicar la primera parte a la figura de San José, se refirió con gran aporte doctrinario y testimonial al ministerio episcopal al que calificó de “noble función” pero de “carga tremenda”.

     “La elección de esta fecha para la ordenación episcopal de monseñor Pedro Martínez -comenzó diciendo en la segunda parte- no debe ser entendida sólo como un gesto de devoción de su parte. La fecha está bien elegida también porque podemos pensar que existe una cierta simetría espiritual entre la figura modélica de San José y la del obispo, llamado a ser padre por excelencia en el orden sacerdotal, llamado a hacer las veces del Padre”, y enumeró las numerosas e importantes funciones que cumple el obispo en la Iglesia.

      “El episcopado -dijo Mons. Aguer en una parte- significa un servicio, no un honor: esta definición cobra un relieve especial en el mundo contemporáneo. ¿Quién puede pensar que es una deseable sinecura? Los Padres latinos hablaron con razón de la sarcina episcopalis: carga, fardo, peso, engorro, embarazo, mochila que se hace sentir sobre las espaldas. Siempre ha sido así, y la afirmación que San Pablo da por cierta: el que aspira al episcopado desea ejercer una noble función no vale para justificar la veleidad, para nutrir una ambición tan sospechosa. La historia de la Iglesia muestra que en cada época los obispos debieron enfrentar dificultades específicas; no deben asustarnos las actuales, ni corresponde exagerarlas por comparación con tiempos que presuntamente habrían sido mejores, sino que es preciso reconocerlas e identificarlas con lucidez, sin ingenuidad, y afrontarlas con coraje, sin “buenismo” irenista”.

     Monseñor Aguer terminó su homilía con palabras afectuosas hacia el nuevo Obispo, de corte muy directo y llano, palabras que emocionaron a todos y en forma particular al ordenando, quien las usó en sus palabras de agradecimiento al final de la ceremonia.

     “Querido Pedro: todo lo que he dicho vale, al menos implícitamente, como una exhortación, y estoy seguro de que lo entenderás así. En tono muy familiar, como si estuviéramos solos aquí, podría decirte: ¡en buen lío te has metido! En realidad, es el Señor quien te pone en este trance y estado; es el Espíritu Santo el que te constituye obispo para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre. Cuando el Señor convoca a alguien para una misión arriesgada, con el peso le da también la gracia necesaria para llevarlo dignamente, con fortaleza, con profunda alegría, con amabilidad y hasta con un garbo que se note y estimule a quienes lo rodean. De este modo tendrás que apacentar a la buena gente puntana y sanluiseña; sobre todo, queriéndola tiernamente en el corazón de Cristo Jesús.

     “Que el ejemplo de silencioso trabajo de San José y la intercesión de la Reina de los Apóstoles te ayuden a ofrecer con tu fidelidad un contrapunto bien concertado a la fidelidad de Dios. ¡Ánimo, pues, querido hermano, un ánimo bien templado por la humildad, la paciencia y la confianza! Que resuene siempre en tu corazón y suba con frecuencia a tus labios la plegaria del salmista: Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones; porque Tú has dicho: “Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo” (Sal. 88, 2-3).

Agradecimiento de monseñor Martínez
     Antes de la bendición final y tras un recorrido por el templo bendiciendo al pueblo, monseñor Martínez pronunció una alocución en la que agradeció a Dios nuestro Señor y dedicó una bella oración a la Santísima Virgen, frente a la imagen de Nuestra Señora de Lourdes (co-patrona de la diócesis de San Rafael), agradeció a su familia, haciendo una especial mención de su padre, el doctor Pedro Santos Martínez, fallecido el pasado mes de enero. Por último tuvo cariñosas palabras para con los fieles de San Luis, a quienes es enviado a pastorear.

Iniciación de su ministerio pastoral
     El próximo sábado 27 de marzo, vísperas del Domingo de Ramos, durante la celebración eucarística que a las 20 presidirá el obispo de San Luis, monseñor Jorge Luis Lona, en la catedral puntana, monseñor Martínez será presentado oficialmente como obispo coadjutor de San Luis, con lo cual iniciará así su ministerio pastoral en esta Iglesia Particular.+

Texto completo de la homilía de Mons. Héctor Aguer

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