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Exequias de monseñor Francisco Berisso

Avellaneda (Buenos Aires)
AICA

Monseñor Francisco Berisso

Monseñor Francisco Berisso

 
 
Presidida por el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, y concelebrada por sacerdotes del clero diocesano local, tuvo lugar en la parroquia Virgen Madre, de la localidad de Sarandí, el lunes 21 a las 15.30, la Misa exequial de monseñor Francisco Carlos Berisso, decano de los sacerdotes de la diócesis de Avellaneda-Lanús, quien luego de padecer una larga enfermedad, falleció el domingo 20 de enero a la edad de 84 años.

     En su homilía, monseñor Frassia destacó como ejemplos a seguir de monseñor Berisso “la fe, la obediencia, ese entusiasmo férreo, ese amor a Cristo y a la Iglesia” ya que “supo unir ambas realidades y no las ha separado jamás. Hombre de fe que nos muestra y nos enseña lo que significa la obediencia. El padre Berisso nos enseñó, y tenemos constancia de ello, una obediencia, no una obsecuencia, desde la fe. ¡Qué ejemplo hermoso nos ha dejado como Iglesia diocesana de Avellaneda-Lanús!

     Para monseñor Frassia “el padre Berisso era un hombre coherente, pero fue un hombre austero, ¡muy austero! Los que lo conocían de cerca saben que jamás hizo alarde de nada ni de nadie. Al contrario, siempre llevó las cosas al modo más silencioso”.

     Monseñor Frassia recordó, además, que el padre Berisso participó de las recientes ordenaciones sacerdotales “y de los festejos de sus 60 años de vida sacerdotal, donde fue acompañado por muchos de ustedes, por mucha gente de esta parroquia y de Santa Teresita que lo siguieron a lo largo de tantos años”.

     En su despedida, y en nombre del clero diocesano, el padre Omar Vila dijo que “estamos despidiendo a un grande. A un hombre que, durante 60 años y un mes, por sus manos se fue dando la gracia de Dios. Que durante 60 años y un mes se ocupó del Pueblo de Dios. Todos ustedes son testigos de esto. Era una persona con capacidad de diálogo, con capacidad de buscar a cada uno. Tenemos que pensar que nos ha marcado un camino a los que tenemos menos caminar que él”.

Su personalidad
     Monseñor Francisco Carlos Berisso nació el 15 de mayo de 1923, en el seno de una familia cuya madre le enseñó, junto con los primeros balbuceos, a rezar el Ave María. Por eso no fue nada extraño que desde su niñez manifestara el deseo de ser sacerdote.

     Comenzó el camino del seguimiento de Jesús en la respuesta a la vocación sacerdotal en el Seminario Mayor San José, de La Plata, donde recibió la ordenación presbiteral el 20 de diciembre de 1947.

     Los comienzos de su ministerio sacerdotal tuvieron que ver con las parroquias San José de La Plata, la Sagrada Familia de Berazategui, la Asunción (hoy catedral) de Avellaneda, en las que se desempeñó como Vicario. Fue también Capellán de la cárcel de Olmos, y Asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC).

     En 1962 el primer obispo de Avellaneda, monseñor Emilio Antonio Di Pasquo, uno de los fundadores de la JOC en la Argentina, le asignó al padre Berisso la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús, una parroquia netamente obrera, donde desarrolló todas sus capacidades a lo largo de más de treinta años, sobre todo en el campo de la educación.

     Su nombre quedará para siempre vinculado a la obra del colegio parroquial Santa Teresita, a Ruca Lauquen en La Lucila del Mar, y últimamente, desde 1999, como párroco de Virgen Madre, fruto de su acción pastoral incansable, y la obra Betania, tan querida para él.

     A estas responsabilidades pastorales añadía desde hace treinta años la de capellán de las Hermanas Vicentinas de Zagreb, del colegio Cristo Rey de Dock Sud.

     En 1988 fue distinguido por el Santo Padre Juan Pablo II con el título de Prelado de Honor de Su Santidad.

     Los que lo conocieron desde su juventud señalan como cualidades características suyas la fidelidad en el compromiso asumido, la obediencia, porque nunca pretendió separar el seguimiento de Jesús de la adhesión a la Iglesia, el desprendimiento con respecto a bienes y honores, y una intrépida confianza en la Divina Providencia.

El padre Berisso y el apostolado obrero
     En 1944 los presbíteros Emilio Antonio Di Pasquo y Enrique Rau, con el tiempo ambos obispos, y el presbítero Agustín Elizalde, fundador de los Oblatos Diocesanos, trajeron a la Argentina la Juventud Obrera Católica (JOC), un movimiento internacional nacido en la década del 30 en Bélgica, por iniciativa de José Cardijn, un humilde sacerdote cuyo padre murió en una mina de carbón.

     Ante el cadáver de su padre, Cardijn prometió dedicar su vida al apostolado de la juventud obrera. Hacía poco que Pío XI había dicho que el gran escándalo en la Iglesia del siglo XX era la pérdida de la clase obrera. Cardijn sostenía que sólo los jóvenes obreros bien formados y ayudados por un movimiento apostólico, serían los salvadores de sus hermanos de clase.

     Estas ideas, transmitidas en el seminario de La Plata por su vicerrector, el padre Rau, entusiasmaron a un importante grupo de seminaristas, entre los que estaba el joven Berisso, que se nuclearon en el Centro de Estudios Jocistas (CEJ), donde se preparaban para el apostolado especializado obrero. Bajo la tutela del padre Rau, el CEJ recibió lecciones sobre diversas disciplinas de figuras de renombre como monseñor Straubinger, o de jóvenes sacerdotes como Primatesta, Quarracino, Pironio o Segura.

     El día de su ordenación sacerdotal, el padre Berisso recibió como regalo de su tío un pequeño automóvil Fiat. Al igual que el Padre Brochero en su mula malacara, el Padre Berisso con su “fitito” derrochó energía y entusiasmo sacerdotal juvenil visitando los grupos de la JOC que se extendían desde La Plata a Avellaneda y otras localidades del cinturón industrial del Gran Buenos Aires, animando, confesando e invitando a jóvenes obreros, muchachos y chicas, a incorporarse al nuevo movimiento que en un momento histórico del país logró hacer de la fábrica un templo y de la máquina un altar.

     Cuántos jóvenes trabajadores, hoy padres de familia o abuelos, le deben al padre Berisso el haber descubierto el don de la fe y reingresado a la Iglesia de su bautismo y primera comunión a través de la JOC que conocieron por el entusiasmo contagiante y la cautivadora simplicidad del joven padre Berisso.

     Esta fue una faceta de la vida del padre Berisso, casi desconocida para las nuevas generaciones, que su regreso a la Casa del Padre me dio la ocasión de extraer del baúl de mis recuerdos para que no se pierda la memoria de un apóstol de la clase obrera en Avellaneda.+ (Miguel Woites)

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